República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del Poder Popular Para la Educación
Universidad Politécnica Territorial del Norte del Tachira
"Manuela Saenz"
La Fría , Estado Tachira
Sexto hábito
La sinergia
Principios de cooperación creativa
Integrantes:
*Daniela Andreina Matheus Ramirez C.I:26.401.125
*Lizmar Nayrut Ramirez Morales C.I:27.108.098
*Mc.Gregory Esmaykchert Ruiz Laguado C.I:26.401.125
Integrantes:
*Daniela Andreina Matheus Ramirez C.I:26.401.125
*Lizmar Nayrut Ramirez Morales C.I:27.108.098
*Mc.Gregory Esmaykchert Ruiz Laguado C.I:26.401.125
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
Tomo como guía lo que
esperaba un santo:
en las cosas
esenciales, unidad:
en las cosas
importantes, diversidad;
en todas las cosas,
generosidad
MENSAJE INAUGURAL DEL PRESIDENTE
GEORGE BUSH
Cuando sir Winston Churchill fue
llamado a encabezar el esfuerzo de guerra de Gran Bretaña, observó que
durante toda su vida se había preparado
para esa hora. En un sentido similar, el ejercicio de todos los otros
hábitos nos prepara para el hábito de
la sinergia.
Entendida adecuadamente, la sinergia es
la actividad superior de la vida: la verdadera puesta a prueba y
manifestación de todos los otros
hábitos reunidos.
Las formas más altas de la sinergia se
centran en los cuatro dones singulares humanos, en el motivo
ganar/ganar, y en las aptitudes para la
comunicación empática en los desafíos más crueles que afrontamos en
la vida. El resultado es casi
milagroso. Creamos nuevas alternativas, algo que no estaba antes allí.
La sinergia es la esencia del liderazgo
transformador. Es la esencia de la paternidad transformadora.
Cataliza, unifica y libera las más
grandes energías del interior de la persona. Todos los hábitos que hemos
examinado nos preparan para crear el
milagro de la sinergia.
¿Qué es la sinergia? Simplemente
definida, significa que el todo es más que la suma de sus partes.
Significa que la relación de las partes
entre sí es una parte en y por sí misma. Y no sólo una parte, sino la más
catalizadora, la que genera más poder,
la más unificadora y la más estimulante.
El proceso creador es también la parte
más terrible porque uno no sabe exactamente lo que va a suceder
ni hacia dónde conduce. No se sabe qué
nuevos peligros y desafíos va a haber que enfrentar. Empezar con un
espíritu de aventura, de
descubrimiento, de creativi dad, requiere una enorme seguridad interior. Sin
duda, hay
que abandonar la comodidad del campamento
y adentrarse en una zona salvaje enteramente nueva y
desconocida. Uno se convierte en
explorador, en un pionero que marca el camino. Abre nuevas posibilidades,
nuevos territorios, nuevos continentes,
y otros pueden seguirlo.
La sinergia está en todas partes en la
naturaleza. Si uno planta juntos dos vegetales, las raíces se
entremezclan y mejoran la calidad del
suelo, de modo que las dos plantas crecen mejor que si estuvieran
separadas. Si adosamos dos trozos de
madera, podrán sostener un peso mucho mayor que la suma de los
pesos que sostienen ambos trozos
separadamente. El todo es más que la suma de sus partes. Uno más uno es
igual a tres o más.
El desafío consiste en aplicar en
nuestras interacciones sociales los principios de la cooperación creativa
que nos enseña la naturaleza. La vida
de familia proporciona muchas oportunidades de observar la sinergia y
practicarla.
El hecho mismo de que un hombre y una
mujer engendren un hijo es sinérgico. La esencia de la sinergia
consiste en valorar las diferencias:
respetarlas, compensar las debilidades, construir sobre las fuerzas.
Es obvio que valoramos las diferencias
físicas entre el hombre y la mujer, entre esposo y esposa. Pero,
¿qué decir de las diferencias sociales,
mentales y emocionales? ¿Podrían esas diferencias ser tam bién fuentes
de formas de vida nuevas y
estimulantes, de un ambien te que permita la realización de todas las personas,
que
nutra la autoestima y la
autovaloración, que cree oportunidades para que cada uno madure en la
independencia
y después, gradualmente, en la
interdependencia? ¿Podría la sinergia crear un nuevo guión para la próxima
generación, más adecuado para el
servicio y la contribución, menos protector, menos competitivo, menos
egoísta; un guión más abierto, más
generoso y confiado, y menos defensivo y político; un guión más afectuoso,
solícito, y menos posesivo y crítico?
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
163
Comunicación
sinérgica
Cuando uno se comunica con sinergia,
simplemente abre su mente, su corazón y sus expresiones a
nuevas posibilidades, nuevas al
ternativas, nuevas opciones. Se diría que de ese modo se deja a un lado el
primer hábito (empezar con un fin en
mente), pero en realidad ocurre lo opuesto: se pone en práctica. Al
comprometerse en la comunicación
sinérgica uno no está seguro de cómo saldrán las cosas o cuál será el
resultado, pero interiormente
experimentamos una sensación de entusiasmo, seguridad y aventura; confiamos
en que todo será mejor después del
proceso. Y ése es el objetivo en el que pensamos.
Se empieza con la creencia de que las
partes implicadas obtendrán más comprensión, y de que el estímulo
de ese aprendizaje y esa comprensión
recíprocos creará a su vez un impulso hacia una mayor comprensión,
aprendizaje y desarrollo.
Muchas personas nunca han experimentado
ni siquiera un grado moderado de sinergia en su familia o en
otras interacciones. Su adiestramiento
y sus guiones las han programado para la comunicación protectiva y
defensiva, o para creer que no se puede
confiar en la vida ni en las otras personas. Como consecuencia, nunca
se han abierto al sexto hábito y a
estos principios.
Esto constituye una de las grandes
tragedias y despilfarras de la vida, debido al gran potencial que queda
inexplotado, completamente
subdesarrollado y sin uso. Las personas inefectivas viven día tras día con un
potencial sin usar. En sus vidas experimentan
la sinergia sólo en pequeña medida y de modo periférico.
Tal vez recuerden algunas experiencias
creativas excepcionales, por ejemplo en el deporte, cuando
compartieron un espíritu de equipo
durante cierto tiempo. Puede que se haya encontrado en una situa ción de
emergencia en la que la gente cooperó
en un grado inusualmente alto, ahogando el ego y el orgullo en el
esfuerzo destinado a salvar la vida de
alguien o a lograr la solución de una crisis.
A muchos, esos acontecimientos pueden
parecerles una excep ción, casi insólitos en la vida, incluso
milagrosos. Pero esto no es así. Estas
cosas pueden producirse regularmente, sistemáticamente, casi
cotidianamente. Pero para ello se
necesita una seguridad, una apertura y un espíritu de aventura enormes.
La mayor parte de los esfuerzos
creadores son un tanto impredecibles. A menudo parecen ambiguos,
imprecisos, de ensayos y error. Y a
menos que se tenga una alta tolerancia a la ambigüedad y se obtenga
seguridad de la integridad de los
principios y valores interiores, uno puede encontrar desalentadora y
desagradable la participación en
empresas altamente creativas. Las personas tienen una excesiva necesidad
de estructura, certidumbre y
predictibilidad.
Sinergia en el aula
Como maestro, he llegado a creer que todo
curso verdaderamente inteligente oscila al borde del caos. La
sinergia demuestra si los alumnos están
o no abiertos al principio de que el todo es más que la suma de sus
partes.
A veces ni el maestro ni los alumnos
están seguros de lo que va a suceder. Al principio hay un ambiente
seguro que permite a la gente abrirse
realmente y aprender a escuchar las ideas de los otros. Des pués empieza
el brainstorming, la aportación
profusa de los diversos puntos de vista, en la cual el espíritu de evaluación
se
subordina al espíritu de creatividad, a
la imaginación y al establecimiento de redes intelectuales. Entonces
comienza a producirse un fenómeno
absolutamente inusual. Toda la clase se transforma con el estímulo de un
nuevo ímpetu, una nueva idea, una nueva
dirección que es difícil de definir, pero que resulta casi palpable para
los participantes.
La sinergia es casi como si un grupo
estuviera de acuerdo colectivamente en subordinar viejos guiones y
redactar uno nuevo.
En cierta oportunidad yo enseñaba en la
universidad filosofía y estilo del liderazgo. Habían pasado tres
semanas del semestre cuando, en medio
de una exposición, alguien empezó a relatar experiencias personales
muy poderosas, a los mismos tiempos
emocionales y perspicaces . La clase compartió un espíritu de humildad y
respeto: respeto por aquel individuo y
aprecio por su coraje.
Ese espíritu se convirtió en un terreno
fértil para un esfuerzo sinérgico y creativo. Algunos empezaron a
sacar partido de él, compartiendo
ciertas experiencias y comprensiones, e incluso dudas acerca de sí mismos.
El espíritu de confianza y seguridad
impulsó a muchos a abrirse extremadamente. En lugar de exponer lo que
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
164
habían preparado, se basaron en las
ideas y comprensiones de los otros, y comenzaron a crear todo un nuevo
libreto en cuanto a lo que podía
significar esa clase.
Yo quedé profundamente implicado en el
proceso. Fue tan mági co y creador que me sentí casi
magnetizado. Y gradualmente fui
aflojando mi compromiso con la estructura de la clase, totalmente
sensibilizado a las nuevas
posibilidades. No se trataba sólo del vuelo de la fantasía; existía una
sensación de
madurez, estabilidad y sustancia que
trascendía enormemente el plan y la estructura antiguos.
Abandonamos los vi ejos compendios, los
libros de texto comprados y todos los planes de exposición, y
abordamos nuevos propósitos, proyectos
y asignaciones de tareas. Lo que estaba sucediendo nos estimuló
tanto, que más o menos tres semanas
después todos ex perimentamos el abrumador deseo de compartirlo con
otros.
Decidimos escribir un libro que
contuviera lo que habíamos aprendido y comprendido sobre el tema de
nuestro estudio: los principios del
liderazgo. Cambiaron las asignaciones de tareas, se emprendieron nuevos
proyectos, se formaron nuevos equipos.
Todos los participantes trabajaron mucho más que lo que lo habrían
hecho en la estructura original de la
clase, y por un conjunto de razones totalmente distintas.
De esta experiencia emergió una cultura
extremadamente singular, cohesiva y sinérgica que no concluyó
con el semestre. Miembros de esa clase
siguieron reuniéndose durante años.
Incluso hoy en día, muchos años
después, solemos vernos, hablamos sobre la experiencia e intentamos
describir lo que sucedió y por qué.
Una de las cosas interesantes para mí
fue el poco tiempo que transcurrió hasta que apareció la confianza
suficiente como para crear esa
sinergia. Entiendo que en gran medida se debió a que los participantes eran
relativamente maduros. Estaban en el
semestre fi nal del último año, y me parece que aspiraban a algo más que
a otra buena experiencia en el aula.
Tenían hambre de algo nuevo y estimulante, algo verdaderamente
significativo que ellos pudieran crear.
En su caso, se trataba de «una idea cuyo tiempo había llegado».
Además, la química fue correcta. Yo
sentí que experimentar la sinergia era más poderoso que hablar sobre
ella, que producir algo nuevo era más
significativo que limitarse a leer un texto anterior.
Yo también (me parece que como la
mayoría de las personas) he pasado por momentos casi sinérgicos,
suspendidos al borde del caos, y por
alguna razón caí en él. Lamentablemente, ciertas personas que han
padecido esas experiencias suelen
entrar en otras nuevas con ese fracaso en mente. Se defienden de la
sinergia y se sustraen a ella.
El caso es análogo al que los
administradores que establecen nuevas reglas y regulaciones basadas en los
abusos de unas pocas personas de la
organización, limitando de este modo la libertad y las posibilidades
creativas de muchos otros. Algo
parecido hacen tam bién los socios comerciales que imaginan los peores
guiones pos ibles y los redactan en
lenguaje legal, anulando todo espíritu de creatividad y empresa, y toda
posibilidad de sinergia.
Recordando muchas experiencias de
asesoramiento y educación de ejecutivos, puedo decir que los puntos
destacados fueron casi siempre
sinérgicos. Por lo general había un momento inicial que requería un
considerable coraje, tal vez al pasar a
ser extraordinariamente auténticos, al afrontar alguna verdad interior
sobre el indivi duo, la organización o
la familia que realmente necesitaba expresar se, pero cuya expresión exigía
una combinación de considerable coraje
y genuinos deseos de expresarla. Entonces los otros también se
volvían auténticos, abiertos y sinceros,
y se iniciaba el proceso de la comunicación sinérgica. Por lo general iba
aumentando la creatividad, y terminaba
con comprensiones y planes que nadie había an ticipado al principio.
Como ha enseñado Cari Rogers, «Lo más
personal es lo más ge neral». Cuanto más auténtico se vuelve
uno, cuanto más auténtico es en su
expresión, particularmente acerca de las experiencias personales e incluso
de las dudas sobre sí mismo, tanto más
las personas pueden relacionarse con esa expresión, y a su vez se
sienten más seguras para expresarse.
Esa expresión se vierte sobre el espíritu de la otra persona, y se produce
una auténtica empatia creadora, que
origina nuevas comprensiones y aprendizajes, y una sensación de
entusias mo y aventura que mantiene el
proceso en marcha.
Entonces las personas empiezan a
interactuar entre sí casi con medias palabras, a veces incoherentes,
pero cada uno capta con mucha rapidez
lo que quiere decir el otro. Se abren mundos enteramen te nuevos de
comprensión, nuevas perspectivas,
nuevos paradigmas que permiten elegir nuevas alternativas, y se piensa
sobre todo ello. Aunque ocasionalmente
esas nuevas ideas quedan en el aire, por lo general llegan a cierta
conclusión práctica y útil.
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
165
La sinergia en la
empresa
Yo he disfrutado de una experiencia
sinérgica particularmente significativa al trabajar con mis asociados
para crear el enunciado de la misión de
nuestra empresa. Casi todos los miembros de la com pañía nos
reunimos en las montañas, donde,
rodeados por la magnificencia de la naturaleza, empezamos con un primer
borrador de lo que algunos de nosotros
considerábamos un excelente enunciado de misión.
Al principio la comunicación fue
respetuosa, solícita y predeci dle. Pero cuando comenzamos a hablar sobre
las diversas alternativas,
posibilidades y oportunidades que teníamos por delante, la gente adquirió una
actitud
auténtica y abierta; simplemente
pensaba en voz alta. La agenda del enunciado de la misión dejó paso a una
asociación libre colectiva, a una
espontánea complementación participativa de las ideas. Todos mostraban
genuina empatia y coraje, y nos
movimos, desde la comprensión y el respeto mutuos, a la comunicación
sinérgica creativa.
Todos podían sentirlo. Era excitante.
Cuando maduró, volvimos a la tarea de poner en palabras la visión
colectiva desplegada; cada una de esas
palabras contiene un significado específico y compromete con él a
todos los participantes.
El enunciado de la misión resultante
dice:
Nuestra misión es dar poder a las
personas y organizaciones para aumentar significativamente su
capacidad de rendimiento en el logro de
fines que merezcan perseguirse por medio de la comprensión y la
puesta en práctica en la vida de los
principios del liderazgo transformador.
El proceso sinérgico que condujo a la
creación de nuestro enunciado de la misión se grabó en los
corazones y mentes de quienes nos
encontrábamos allí, y nos ha servido como marco de referencia de lo que
buscamos, y también de lo que no
buscamos.
Otra experiencia con alto nivel de
sinergia tuvo lugar cuando yo acepté una invitación a servir como
catalizador de recursos y de la
discusión en el encuentro anual de planificación de una gran compañía de
seguros. Algunos meses antes, me reuní
con el comité responsable de preparar y organizar el encuentro de dos
días en el que participarían los más
altos ejecutivos. Me informaron de que la pauta tradicional consistía en
identificar cuatro o cinco cuestiones
principales mediante cuestionarios y entrevistas, y en recoger propuestas
alternativas presentadas por los
ejecutivos. Los encuentros del pasado habían sido en general intercambios
respetuosos, que ocasionalmente se
deterioraban, cayendo en batallas egocéntricas y defensivas del tipo
gano/pierdes. Solían ser predecibles,
nada creativos y muy aburridos.
Cuando hablé con los miembros del
comité sobre el poder de la sinergia, les hice tomar conciencia de su
potencial. Con considerable
azoramiento, estuvieron de acuerdo en cambiar la pauta. Les pidieron a diversos
ejecutivos que prepararan «libros
blancos» sobre cada una de las cuestiones de alta prioridad, y después se les
pidió a todos los participantes del
encuentro que los leyeran con anticipación, para comprender los problemas y
los distintos puntos de vista. Iban a
acudir al encuentro más preparados para escuchar que para exponer, para
crear y sinergizar, más que para
defender y proteger.
Pasamos el primer medio día enseñando
los principios y practicando las aptitudes de los hábitos cuarto,
quinto y sexto. Dedicamos el resto del
tiempo a la sinergia creativa.
La liberación de energía creadora fue
increíble. El entusiasmo reemplazó al aburrimiento. Cada uno se
abrió a la influencia de los otros, se
generaron nuevas comprensiones y opciones. Hacia el final del encuentro
se desplegó un entendimiento
enteramente nuevo de la naturaleza del desafío central que afrontaba la
empresa. Las propuestas de los libros
blancos se volvieron obsoletas. Las diferencias fueron valoradas y
trascendidas. Empezó a tomar forma una
nueva visión común.
Después de haber experimentado una
sinergia real, la gente no vuelve a ser la misma. Sabe que existe la
posibilidad de experimentar en el
futuro otra de estas aventuras que expanden la mente.
A menudo se intenta recrear una
experiencia sinérgica particular, pero muy pocas veces se logra. Sin
embargo, el propósito esencial que está
detrás del trabajo creativo puede recapturarse. Como en la filosofía del
Lejano Oriente, «no buscamos imitar a
los maestros, sino que buscamos lo que buscan ellos»; no procuramos
imitar experiencias creadoras
sinérgicas del pasado, sino que aspiramos a ex periencias nuevas de ese tipo,
en
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
torno a propósitos nuevos, diferentes y
a veces superiores.
Sinergia y
comunicación
La sinergia es estimulante. La
creatividad es estimulante. Es extraordinario lo que pueden producir la
apertura y la comunicación. Las
posibilidades de que se produzca una ganancia verdaderamente significativa,
un progreso importante, son tan reales
que vale la pena correr el riesgo que esa apertura entraña.
Después de la Segunda Guerra Mundial,
los Estados Unidos encargaron a David Lilienthal encabezar la
nueva Comisión de Energía Atómica.
Lilienthal reunió a un grupo de personas sumamente influyentes
(celebridades por derecho propio),
apóstoles, por así decirlo, de sus propios marcos de referencia.
Ese grupo de individuos muy diversos
tenía un plan de trabajo extremadamente pesado y estaba
impaciente por poner manos a la obra.
Además, la prensa lo apremiaba.
Pero Lilienthal dedicó varias semanas a
crear una abultada cuenta bancaria emocional. Hizo que aquellas
personas se conocieran entre sí, que
conocieran sus intereses, sus esperanzas, sus metas, sus
preocupaciones, sus antecedentes, sus
marcos de referencia, sus paradigmas. Lilienthal facilitó el tipo de
interacción humana que crea lazos entre
las personas, y fue severamente criticado por dedicar tiempo a
hacerlo, lo cual no se consideraba «eficiente».
Pero el resultado neto fue que este
grupo estableció una red de relaciones estrechas; cada miembro quedó
abierto a los otros, en un conjunto muy
creativo y sinérgico. El respeto entre ellos era tan alto que, si surgía un
desacuerdo, en lugar de oposición y
defensa se producía un auténtico esfuerzo tendente a la comprensión. La
actitud general era: «Si una persona de
su inteligencia, competencia y com promiso disiente de mí, debe de
haber algo en su desacuerdo que yo no
entiendo y que necesito entender. Usted tiene una perspectiva, un
marco de referencia que yo necesito
percibir». Se desarrolló una interacción no protectiva, y nació una cultura
inusual.
El diagrama anterior ilustra lo
estrechamente relacionada que está la confianza con los diferentes niveles
de comunicación.
El nivel inferior de la comunicación en
las situaciones de baja confianza se caracterizaría por la actitud
defensiva y autoprotectora, y a menudo
por un lenguaje legalista que abarca todas las bases, califica las
alternativas y estipula cláusulas para
la huida en el caso de que las cosas salgan mal. Esta comunicación sólo
produce gano/pierdes o pierdo/ganas. No
es efectiva (allí no hay equilibrio P/CP) y crea nuevas razones para
defender y proteger.
La posición media es la comunicación respetuosa. En este
nivel interactúan las personas maduras. Se
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
167
respetan entre sí, pero quieren evitar
la posibilidad de confrontaciones desagradables, de modo que se
comunican con diplomacia, aunque no con
empatia. Tal vez se en tiendan en un plano intelectual; sin embargo,
no tienen una visión profunda de sus
propios paradigmas y supuestos subyacentes, ni se abren a nuevas
posibilidades.
La comunicación respetuosa opera en
situaciones independientes e incluso en situaciones
interdependientes, pero sin acceso a
posibilidades creativas. En las situaciones interdependientes
habitualmente se opta por la
transacción. La transacción significa 1 + 1 = 1 1/2. Las dos partes dan y
toman. La
comunicación no es defensiva o
autoprotectora, ni amenazadora o manipulativa; es honesta, auténtica y
respetuosa. Pero no es creativa ni
sinérgica. Produce una forma de-valuada del ganar/ganar.
La sinergia significa que 1 + 1 puede
ser igual a 8,16 o incluso 1600. La posición sinérgica de alta
confianza produce soluciones mejores
que cualquiera de las originalmente propuestas, y todas las partes lo
saben. Además disfrutan auténticamente
de la empresa creativa. Se constituye una mini cultura satisfactoria en
y por sí misma. Aunque sea breve,
existe allí un equilibrio P/CP.
En ciertas circunstancias no se puede
lograr la sinergia y la salida «No hay acuerdo» resulta inviable. Pero
incluso entonces, un espíritu de
intento sincero da habitualmente por resultado una transac ción más efectiva.
La pesca de la
tercera alternativa
Para tener una mejor idea del modo en
que nuestro nivel de comunicación afecta a nuestra efectividad
interdependiente, visualicemos el
siguiente guión.
En época de vacaciones, un hombre
quiere llevar a su familia al lago para vivir en la naturaleza y pescar.
Se trata de algo importante para él; lo
ha estado planificando durante todo el año. Ha alquilado una cabana y un
bote; los hijos están realmente
entusiasmados.
Pero la esposa deseaba emplear las
vacaciones para visitar a su madre enferma, que se encuentra a unos
doscientos cincuenta kilómetros de
distancia. No tiene oportunidades frecuentes de verla, lo cual es importante
para ella.
Estas diferencias pueden ser causa de
una importante experiencia negativa.
«Ya hicimos los planes. Los chicos
están entusiasmados. Deberíamos ir al lago», dice el marido.
«No sabemos cuánto tiempo más vamos a
tener a mamá con nosotros, y quiero estar con ella», contesta la
esposa. «Si no vamos ahora, ¿cuándo
volveremos a tener tiempo para hacerlo?»
«Todo el año hemos estado esperando
esta semana de vacaciones. Los chicos no van a estar contentos
pasando una semana en casa de la
abuela. Nos van a volver locos. Además, tu madre no está tan enferma. Y
tu hermana, que vive a menos de un
kilómetro de ella, puede encargarse de cuidarla.»
«Es mi madre también. Quiero estar con
ella.»
«Puedes hablarle por teléfono todas las
noches. Y tenemos el proyecto de encontrarnos en la reunión
familiar de Navidad, ¿recuerdas?»
«Para eso faltan cinco meses. Ni
siquiera sé si para entonces aún estará viva. Además, me necesita y
quiere que esté con ella.»
«La están cuidando perfectamente. Y los
chicos y yo también te necesitamos.»
«Mi madre es más importante que
pescar.»
«Tu esposo y tus hijos son más
importantes que tu madre.»
Como no están de acuerdo, durante esas
idas y venidas finalmente puede surgir algún tipo de transacción.
Tal vez decidan tomarse vacaciones
separadas: el hombre se va con los hijos al lago y la mujer visita a la
madre. Los dos se sentirán culpables y
desdichados. Los hijos lo sentirán, y no podrán disfrutar plenamente de
las vacaciones.
También es posible que el esposo acceda
al deseo de su mujer, pero lo hará de mala gana. Y, consciente o
inconscientemente, producirá pruebas de
que se está cumpliendo su profecía de que todos se sentirán mal
durante esa semana de vacaciones.
Si es la esposa la que cede, se
encerrará en sí misma y se mostrará sumamente sensible a cualquier
novedad respecto del estado de su
madre. Si ésta llegara a morir, tal vez el esposo nunca se perdonará haber
insistido, y la mujer tampoco se lo
perdonará a él.
Sea cual fuere la transacción a la que
finalmente lleguen, puede que a lo largo de los años la recuerden
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
168
como prueba de insensibili dad,
indiferencia o nulo sentido de las prioridades. Podría constituir una fuente de
disputa por mucho tiempo, e incluso
dividir a la familia. Muchos matrimonios alguna vez perfectos, apacibles,
espontáneos y afectuosos se han
deteriorado hasta llegar a la hostilidad por causa de una serie de incidentes
de este tipo.
El esposo y la esposa ven la situación
de modo diferente. Y esa diferencia puede dividirlos, separarlos,
introducir malentendidos en la
relación. O bien acercarlos en un nivel más alto. Si han cultivado los hábitos
de la
interdependencia efectiva podrían
afrontar sus diferencias en el marco de un paradigma totalmente distinto,
comunicándose en un nivel superior.
Como tienen una abundante cuenta
bancaria emocional, en su matrimonio existe la confianza y la
comunicación abierta. Como piensan en
ganar/ganar, creen en una tercera alternativa, en una solución
mutuamente beneficiosa, preferible a
todas las propuestas en principio. Como escuchan empáticamente y
procuran primero compren der, crean
dentro de sí y entre ellos un cuadro amplio de los valores y
preocupaciones que hay que tener en
cuenta para tomar una decisión.
Y la combinación de esos ingredientes —la
cuenta bancaria emocional abundante, el pensamiento de
ganar/ganar, el procurar primero
comprender— crea un ambiente ideal para la sinergia.
En el budismo, esto se llama «el camino
del medio». En este caso, «el medio» no significa transacción;
significa algo más alto, como el
vértice superior de un triángulo.
Al buscar el camino «del medio» o
superior, esposo y esposa comprenden que su amor, su relación, forma
parte de su sinergia.
Al comunicarse, el esposo siente real y
profundamente el deseo de su mujer, la necesidad que ella tiene de
estar con su madre. Comprende que
quiere aliviar las obligaciones de la hermana, que es la principal
responsable del cuidado de la enferma.
Comprende que realmente no saben por cuánto tiempo más estará con
ellos, y que sin duda es más importante
que pescar.
Y la esposa comprende profundamente el
deseo del esposo de que toda su familia esté junta, y de
procurarles a los chicos una gran
experiencia. Tiene presente la inversión realizada en lecciones y equipos de
pesca para esas vacaciones, y la
importancia de crear buenos recuerdos conjuntos.
De modo que reúnen todos esos deseos.
No se sitúan en los lados opuestos del problema. Comparten un
mismo lado mientras exami nan la
cuestión, comprendiendo las necesidades y creando una tercera alternativa
que habrá de satisfacerlos.
«Tal vez podamos pensar en otro momento
de este mes para que visites a tu madre», sugiere el marido.
«Yo podría hacerme cargo de la casa
durante el fin de semana y después conseguir que alguien me ayudara de
manera que tú puedas ir. Sé que para ti
es importante.»
»O podríamos instalarnos y pescar en un
lugar que esté cerca de la casa de tu madre. No sería tan bonito,
pero de todos modos haríamos una vida
al aire libre y también satisfaríamos otras necesidades. Y los chicos no
se subirían por las paredes. Incluso
podríamos proyectar actividades de recreo con los primos, los tíos y las
tías, lo cual sería una ventaja
adicional.»
Sinergizan. Se comunican en ambas
direcciones hasta que aparece una solución con la que ambos se
sienten bien, y que es mejor que
cualquiera de las propuestas originales. Es mejor que la transacción. Es una
solución sinérgica que genera P y CP.
No se trata de una transacción sino de
una transformación. Las dos partes consiguen lo que realmente
quieren, y en el proceso construyen la
relación.
Sinergia negativa
La búsqueda de la tercera alternativa
es un cambio de paradigma importante, que desplaza a la mentalidad
dicotómica de «O esto o aquello». La
diferencia en los resultados es muy grande.
¿Cuánta energía negativa se consume por
lo general cuando las personas tratan de resolver problemas o
tomar decisiones en una realidad
interdependiente? ¿Cuánto tiempo se dedica a «confesar» los pecados de los
otros, al politiqueo, la rivalidad, los
conflictos interpersonales, la protección de la propia retaguardia, la lucha
por
el dominio y las profecías
destructivas? Es como conducir un automóvil con un pie en el acelerador y el
otro en
el freno.
Y en lugar de retirar el pie del freno,
la mayor parte de la gente aprieta más el acelerador. Trata de aplicar
más presión, más elocuencia, más
información lógica para fortalecer su posición.
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
169
El problema consiste en que personas
altamente dependientes están tratando de tener éxito en una
realidad interdependiente. Ellas
dependen de la fuerza que obtienen de su posición y procuran una salida del
tipo gano/pierdes, o bien ceden a su
necesidad de ser po pulares y caer simpáticas, y su salida es del tipo
pierdo/ganas. Pueden habl ar de la
técnica de ganar/ganar, pero en realidad no quieren escuchar, quieren
manipular. Y la sinergia no prospera en
ese am biente.
Las personas inseguras piensan que toda
la realidad puede ser dócil a sus paradigmas. Tienen una gran
necesidad de convertir a los otros en
clones, de moldearlos con su propio pensamiento. No comprenden que la
fuerza misma de la relación reside en
que en ella se cuenta con otro punto de vista. Igualdad no es identidad, la
uniformidad no es la unidad. La unidad
o la identidad suponen complementariedad, no igualdad. La igualdad no
es creativa... y es aburrida. La
esencia de la sinergia consiste en valorar las diferencias.
He llegado a creer que la clave de la
sinergia interpersonal es la sinergia intrapersonal, es decir, la sinergia
interior de cada persona. El corazón de
la sinergia intrapersonal está contenido en los principios de los primeros
tres hábitos, que proporcionan una
seguridad interior suficiente como para asumir los riesgos de ser abierto y
vulnerable. Mediante la internalización
de esos principios, desarrollamos la mentalidad de abundancia de
ganar/ganar y la autenticidad del
quinto hábito.
Uno de los resultados más prácticos de
centrarse en principios consiste en que ello nos totaliza, nos integra
por completo. Las personas
profundamente programadas con un pensamiento lógico, verbal, de hemisferio
izquierdo, descubrirán lo totalmente
inadecuado que es ese pensamiento para resolver problemas que
requieren mucha creatividad. Toman
conciencia e inician un nuevo guión con su hemisferio derecho. No se trata
de que antes su hemisferio derecho no
existiera: estaba adormecido. Los músculos no estaban desarrollados,
tal vez sólo atrofiados desde la
primera infancia, como con secuencia del fuerte énfasis puesto en el cerebro
izquierdo, propio de la educación
formal o la programación social.
Cuando una persona tiene acceso al
hemisferio derecho, intuitivo, creativo y visual, y también al hemisferio
izquierdo, analítico, lógico, opera con
la totalidad de su cerebro. En otras palabras, hay si nergia psíquica en
nuestra propia cabeza. Y esta
herramienta se adecúa mejor a la realidad de la vida, porque la vida no es sólo
lógica, es también emocional.
En una oportunidad yo conducía un
seminario titulado «Admi nistre con la izquierda, lidere con la derecha»
en una empresa de Or lando, Florida.
Durante la pausa, el presidente de la compañía se me acercó y me dijo:
«Stephen, esto me intriga. Pero he
estado pensando en este material más en función de su aplicación a mi
matrimonio que a mi empresa. Mi mujer y
yo tenemos un verdadero problema de comunicación. ¿No querría
usted almorzar con nosotros y tener la
amabilidad de observar cómo nos comunicamos?».
«Hagámoslo», le contesté.
Al sentarnos a la mesa intercambiamos
algunas br omas. Después el hombre se volvió hacia la esposa y le
dijo: «Querida, he invitado a Stephen
para ver si puede ayudarnos en nuestra comunicación recíproca. Sé que
piensas que yo debería ser más sensible
y considerado. ¿Podrías dar algún ejemplo de lo que tú crees que yo
debería hacer?». Su hemisferio
izquierdo dominante quería hechos, cifras, ejemplos concretos, partes.
«Bien, como te he dicho antes, no es
nada específico. Se trata más bien de una sensación general que
tengo sobre las prioridades.» Su
hemisferio derecho dominante abordaba la sensación y la Gestalt, el
todo, la
relación entre las partes.
«¿Qué quieres decir con "una
sensación general sobre las prioridades"? ¿Qué es lo que quieres que yo
haga? Dame algún ejemplo específico que
yo pueda manejar.»
«Bien, es sólo un sentimiento.» Su
hemisferio derecho operaba con imágenes, sentimientos intuitivos.
«Simplemente no creo que nuestro
matrimonio sea tan importante para ti como me dices que es.»
«¿Qué puedo hacer para que se vuelva
más importante? Dam e algo concreto y específico para continuar.»
«Es difícil decirlo con palabras.»
En ese punto, él me lanzó una mirada
como diciendo: «Stephen, ¿podría usted soportar este mutismo en
su matrimonio?».
«Querida», le respondió a ella, «ése es
el problema contigo. Y es el problema con tu madre. En realidad, es
el problema con todas las mujeres que
conozco.»
Después empezó a interrogarla como para
obtener una especie de declaración legal.
«¿Vives donde quieres vivir?»
«No se trata de eso», suspiró la mujer.
«No es eso en absoluto.»
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
170
«Lo sé», respondió él con una paciencia
forzada. «Pero puesto que no quieres decirme exactamente qué
es, supongo que el mejor modo de
descubrirlo consiste en descubrir lo que no es. ¿Vives donde quieres vivir?»
«Supongo que sí.»
«Querida, Stephen va a estar aquí sólo
unos pocos minutos para tratar de ayudarnos. Responde con un
rápido "sí' o "no".
¿Vives donde quieres vivir?»
«Sí.»
«Muy bien. Este tema está resuelto.
¿Tienes las cosas que quieres tener?»
«Sí.»
Esto siguió un tiempo más. Yo advertí
que no conducía a ningún sitio, de modo que intervine y dije: «¿Es
así como funciona su relación?».
«Día tras día, Stephen», respondió él.
«Ésta es la historia de nuestro
matrimonio», volvió a suspirar ella.
Los miré a ambos, y se me ocurrió que
eran dos medios cerebros que vivían juntos. «¿Tienen hijos?», les
pregunté.
«Sí, tenemos dos.»
«¿En serio?», insistí con incredulidad.
«¿Cómo lo han hecho?»
«¿Qué quiere decir que cómo lo
hicimos?»
«¡Han sido sinérgicos!», exclamé. «Uno
más uno habitualmente es igual a dos. Pero ustedes hicieron que
uno más uno fuera igual a cuatro. Ahora
bien, eso es sinergia. El todo es más que la suma de sus partes. Así
que, ¿cómo lo hicieron?»
«Usted sabe cómo lo hicimos», me contestó
el hombre.
«¡Seguramente valoraron las
diferencias!», fue mi comentario.
Valorando las
diferencias
La valoración de las diferencias
(mentales, emocionales, psicológicas) es la esencia de la sinergia. Y la
clave para valorar esas diferencias
consiste en comprender que todas las personas ven el mundo no como es,
sino como son ellas mismas.
Si yo viera el mundo como es, ¿de qué
me serviría valorar las diferencias? ¿Por qué habría de molestarme
siquiera en prestar atención a alguien
que está «fuera del camino»? Mi paradigma es que soy objetivo; veo el
mundo tal como es. Todos los otros se
dejan enterrar por las minucias, pero yo veo todo el cuadro. Por ello me
llaman «supervisor»: tengo una
«supervisión».
Con ese paradigma nunca seré
efectivamente interdependiente, ni siquiera efectivamente independiente.
Me limitarán los paradigmas de mi
propio condicionamiento.
La persona verdaderamente efectiva
tiene la humildad y el respeto necesarios para reconocer sus propias
limitaciones preceptúales y apreciar
los ricos recursos que pone a su disposición la interacción con los
corazones y las mentes de otros seres
humanos. Esa persona valora las diferencias porque esas diferencias
acrecientan su conocimiento, su
comprensión de la realidad. Librados a nuestras propias experiencias,
constantemente padecemos una
insuficiencia de datos.
¿Es lógico que dos personas disientan y
que ambas tengan razón? No es lógico, es psicológico. Y es muy
real. Usted ve a la joven, yo veo a la
anciana. Los dos miramos el mismo dibujo, y los dos tenemos razón.
Vemos las mismas líneas negras, los
mismos espacios en blanco. Pero los interpretamos de diferente modo,
porque hemos sido condicionados para
ello.
A menos que valoremos las diferencias
de nuestras percepciones, a menos que nos valoremos
recíprocamente y creamos en la
posibilidad de que ambos tengamos razón, de que la vida no sea siempre un
«O esto o aquello» dicotómico, de que
casi siempre hay terceras alternativas, nunca podremos trascender los
límites de ese condicionamiento.
Lo único que yo puedo ver es a la
anciana. Pero comprendo que usted vea alguna otra cosa. Y lo valoro.
Valoro su percepción. Quiero
comprender.
De modo que cuando tomo conciencia de
la diferencia de nues tras percepciones, digo: «¡Bien! Usted lo ve
de otro modo. Ayúdeme a ver lo mismo
que usted».
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
171
Si dos personas tienen la misma
opinión, una de ellas es innecesaria. Para mí no representaría ninguna
ventaja comunicarme con al guien que
sólo ve a la anciana. No necesito hablar, comunicarme, con alguien que
esté de acuerdo conmigo; quiero
comunicarme con usted porque ve las cosas de modo diferente. Valoro esa
diferencia.
Al hacerlo, no sólo aumento mi propia
conciencia; también lo estoy afirmando. Le ofrezco aire psicológico.
Retiro el pie del freno y libero la
energía negativa que usted tal vez haya invertido en la defensa de una posición
particular. Creo un ambiente para la
sinergia.
La importancia de valorar las
diferencias queda bien reflejada en la citadísima fábula escrita por el
educador doctor R. H. Reeves, titulada
«La escuela de los animales».
Una vez, los animales decidieron que
tenían que hacer algo heroico para solucionar los problemas de un
«nuevo mundo», de modo que organizaron
una escuela. Adoptaron un currículo de actividades consistente en
correr, trepar, nadar y volar. Para
facilitar la administración todos los animales cursaban todas las materias.
El pato era excelente en natación,
mejor incluso que su instructor, y obtuvo muy buenas notas en vuelo,
pero pobres en carrera. Con el objeto
de mejorar en este aspecto ten ía que quedarse a practicar después de
clase, e incluso abandonó la natación.
Esto duró hasta que se le las timaron sus patas de palmípedo y se
convirtió en un nadador mediano. Pero
el promedio era aceptable en la escuela, de modo que nadie se
preocupó, salvo el pato.
El conejo empezó a la cabeza de la
clase en carrera; sin embargo, tuvo un colapso nervioso como
consecuencia del tiempo que debía
dedicar a la práctica de la natación.
La ardilla trepaba muy bien hasta que
comenzó a sentirse frustrada en la clase de vuelo, en la que el
maestro le hacía partir del suelo en lu
gar de permitirle bajar desde la copa del árbol. También sufrió muchos
calambres como consecuencia del
excesivo esfuerzo, y le pusieron ape nas un suficiente en trepar y un
«insuficiente» en correr.
El águila era una alumna problemática y
fue severamente castigada. En la clase de trepar llegaba a la cima
del árbol antes que todos los otros,
pero insistía en hacerlo a su modo.
Al final del año, una anguila anormal
que nadaba muy bien y tam bién corría, trepaba y volaba un poco,
tenía el promedio más alto y le
correspondió pronunciar el discurso de despedida.
Los perros de la pradera quedaron fuera
de la escuela y cuestiona ron por qué la administración no incluyó
en el currículo las materias de cavar y
construir madrigueras. Pusieron a sus cachorros a aprender con el tejón,
y más tarde se unieron a marmotas y
topos para inaugurar una escuela privada de gran éxito.
Análisis del campo de
fuerzas
En una situación interdependiente, la
sinergia es particularmente poderosa para tratar con las fuerzas
negativas que obran contra el
desarrollo y el cambio.
El sociólogo Kurt Lewin desarrolló un
«análisis del campo de fuerzas», modelo con el cual describía
cualquier nivel presente de rendimiento
o del ser, como un estado de equilibrio entre las fuerzas impulsoras que
alientan el movimiento ascendente y las
fuerzas restrictivas que lo desalientan.
Las fuerzas impulsoras, por lo general,
son positivas, razonables, lógicas, conscientes y económicas. En
oposición, las fuerzas restrictivas son
a menudo negativas, emocionales, ilógicas, inconscientes y psicológicosociales.
Ambos conjuntos de fuerzas son muy
reales y deben tenerse en cuenta para abordar el cambio.
En una familia, por ejemplo, hay un
cierto «clima» en el hogar, un cierto nivel positivo o negativo en las
interacciones, de seguridad o
inseguridad para expresar los sentimientos o hablar sobre las preocupaciones,
de
respeto o falta de respeto en la
comunicación entre los miembros.
Es posible que usted quiera modificar
ese nivel. Tal vez aspira a crear un clima más positivo, más
respetuoso, más abierto y confiado.
Sus razones lógicas para hacerlo son
las fuerzas impulsoras que tienden a elevar el nivel.
Pero no basta con intensificar esas
fuerzas. A ellas se oponen otras, las fuerzas restrictivas: a través del
espíritu de competencia entre los
chicos, de las programaciones diferentes de la vida hogareña que usted y su
cónyuge impusieron a la relación, de
los hábitos desarrollados en la familia, del trabajo o de otras metas que
reclaman su tiempo y su energía.
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e a l t a m e n t e
e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
La intensificación de las fuerzas
impulsoras puede dar resultado... por poco tiempo. Mientras subsistan las
fuerzas restrictivas, tener éxito es
cada vez más difícil. Es lo mismo que estirar un resorte: cuanta más fuerza se
ejerce, más fuerza se hace necesario
ejercer, hasta que el resorte ya no cede y, en cuanto uno se cansa de
estirar, recobra su extensión
primitiva.
El sube y baja resultante, el «efecto
de yo-yo», determina que, después de varios intentos, uno piense que
«la gente es como es» y que «cambiar es
muy difícil».
Pero al introducir la sinergia utilizamos
el motivo del cuarto hábito, la aptitud del quinto hábito y la
interacción del sexto hábito para
actuar directamente sobre las fuerzas restrictivas. Creamos una at mósfera en
la cual resulta seguro hablar sobre
esas fuerzas. Las des congelamos, las desatamos y generamos nuevas
comprensiones que realmente convierten
esas fuerzas restrictivas en fuerzas impulsoras. Hacemos que las
personas entren en el problema, con lo
cual tienden a convertirse en partes importantes de la solución.
Como resultado, se crean nuevas metas,
metas compartidas, y la totalidad de la empresa asciende de
nivel, a menudo de una manera que nadie
podría haber previsto. El entusiasmo que lleva consigo ese
movimiento crea una nueva cultura. Las
personas involucradas están recíprocamente inmersas en la
humanidad de los otros, y se enriquecen
con un pensamiento nuevo y fresco, a través de las nuevas alternativas
y oportunidades creadoras.
Varias veces he participado en
negociaciones entre personas coléricamente enfrentadas, que habían
contratado a abogados para defender sus
respectivas posiciones. Y todo lo que lograban era exacerbar los
problemas, porque la comunicación
interpersonal se iba deteriorando a medida que se avanzaba en el proceso
legal. Pero el nivel de confianza era
tan bajo que las partes consideraban no contar con más alternativa que
recurrir a los tribunales.
Mi pregunta era: «¿Le interesaría
obtener una solución ganar/ganar con la que ambas partes se sintieran
bien?».
Por lo general obtenía una respuesta
afirmativa; sin embargo, la mayoría de las personas no creían que
fuera posible.
«Si consigo que la otra parte esté
dispuesta, ¿quiere iniciar el proceso de una comunicación real entre
ustedes?»
También en este caso, la respuesta era,
por lo general, «Sí».
Casi siempre los resultados fueron
sorprendentes. Problemas que habían dado origen a batallas legales y
psicológicas de meses de duración
quedaron solucionados en unas pocas horas o unos pocos días. Por otro
lado, la mayoría de esas soluciones no
fueron transacciones de compromiso; fueron sinérgicas, mejores que las
propuestas separadas de las partes en
pugna. Y en la mayoría de los casos las re laciones continuaron, aunque
al principio parecía que el nivel de
confianza tan bajo y la ruptura tan prolongada iban a resultar casi
irreparables.
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
173
En uno de nuestros programas de
desarrollo, un ejecutivo se refi rió a un fabricante demandado por un
industrial, antiguo cliente suyo, por
incumplimiento de contrato. Cada parte creía que su posición era la justa, y
percibía a la otra como carente de
ética y completamente indigna de confianza.
Cuando empezaron a practicar el quinto
hábito, dos cosas resultaron claras. Primero, los problemas
tempranos de comunicación generaron una
incomprensión que más tarde se vio exacerbada por acusaciones y
contraacusaciones. Segundo, al
principio ambas partes actuaron de buena fe, y no deseaban el costo y las
molestias de la disputa legal, pero no
veían ninguna otra salida.
Después de haberse establecido esos dos
puntos, prevaleció el espíritu de los hábitos cuarto, quinto y
sexto; el problema quedó rápidamente
resuelto y la relación continuó pr osperando.
En otro caso, recibí una llamada telefónica,
temprano por la mañana, de un urbanizador de tierras que
buscaba ayuda con desesperación. El
banco quería someterle a un juicio hipotecario porque no estaba
cumpliendo con el programa de pagos.
Nec esitaba fondos adicionales para poder vender la tierra y devolverle
el dinero al banco, pero éste le negaba
más crédito hasta que realizara los pagos programados. Era el
problema del huevo y la gallina con la
subcapitalización.
Mientras tanto, el proyecto se
desmoronaba. Las calles estaban empezando a parecer campos de maleza,
y los propietarios de las pocas casas
construidas reaccionaron con furia al ver caer los valores de sus
propiedades. La ciudad también estaba
trastornada por el proyecto residencial de «alto status» que se
convertía
en algo ofensivo para la vista. El
banco y el urbanizador ya habían destinado decenas de miles de dólares a
gastos legales, y no se preveía que el
caso pudiera llegar a solucionarse antes de varios meses.
Desesperado, este urbanizador estuvo de
acuerdo (con renuencia) en poner en práctica los principios de
los hábitos cuarto, quinto y sexto.
Concertó una reunión con los aún más renuentes funcionarios del banco.
La reunión empezó a las ocho de la
mañana, en uno de los salones de reunión del banco. La tensión y la
desconfianza eran palpables. El abogado
del banco les había indicado a los funcionarios que no dijeran nada.
Sólo debían escuchar; hablaría
exclusivamente el abogado, que no quería que ocurriera nada capaz de
comprometer la posición de la
institución en los estrados.
Durante la primera hora y media
expliqué los hábitos cuarto, quinto y sexto. A las nueve y media me dirigí a
la pizarra y puse por escrito las
preocupaciones del banco sobre la base de nuestra comprensión anterior. Al
principio los funcionarios no decían
nada, pero cuanto más comunicábamos intenciones de ganar/ganar y
procurábamos primero comprender, más se
abrían ellos para explicar y clarificar.
Cuando empezaron a sentirse
comprendidos, cambió toda la at mósfera y se hizo evidente una sensación
de ímpetu, de entusiasmo, ante la
perspectiva de una solución pacífica del problema. Pasando por encima de
las objeciones del abogado, los
funcionarios se fueron abriendo aún más, planteando incluso preocupaciones
personales. «Cuando salgamos de aquí,
lo primero que nos dirá el presidente será: "¿Conseguimos nuestro
dinero?". ¿Qué le contestaremos?»
A las once, los funcionarios seguían
convencidos de la justicia de su posición, pero se sentían
comprendidos y ya no estaban a la
defensiva ni se mostraban tan puntillosos. En ese momento se habían
abierto lo bastante como para escuchar
las preocupaciones del urba-nizador, que enumeramos en el otro
extremo de la pizarra. La consecuencia
fue una comprensión mutua más profunda y la conciencia compartida
de que la pobrísima comunicación
anterior había originado incomprensiones y expectativas no realistas;
también resultó claro que la
comunicación mantenida con un espíritu de ganar/ganar podría haber evitado el
desarrollo de los principales problemas
siguientes.
Todos experimentaban una sensación de
dolor, agudo y crónico, combinada con otra acerca de que se
estaba realizando un progreso
auténtico, y ello propició una comunicación fluida. Al mediodía, cuando estaba
previsto que terminara la reunión, el
estado general de la gente era creativo, positivo y sinérgico; querían seguir
conver sando.
La primera solicitud del urbanizador
fue considerada por todos como un inicio de enfoque ganar/ganar. Ello
se sometió a un proceso de sinergia y
perfeccionamiento, y a las 12.45 el urbanizador y los dos funcionarios del
banco salieron con un plan para
presentarlo juntos ante la Asociación de Propietarios y el gobierno municipal.
A
pesar de algunas complicaciones
ulteriores, se abandonó la disputa legal, y el proyecto llegó a una conclusión
exitosa.
No pretendo que nunca haya que iniciar
procesos judiciales. Algunas situaciones los requieren. Pero los
L o s 7 h á b i t o s d e l a g e n t e
a l t a m e n t e e f e c t i v a S t e p h e n R . C o v e y
174
veo como un recurso de úl tima y no de
primera instancia. Si se abren prematuramente, incluso con finalidad
preventiva, a veces el temor y el
paradigma legal crean ulteriores procesos de pensamiento y acción que no son
sinérgicos.
Toda la naturaleza es
sinérgica
La palabra «ecología» se refiere
básicamente a la sinergia de la naturaleza: todo está relacionado con todo.
En la relación se maximiza la fuerza
creadora, así como el poder real de estos siete hábitos reside en su
vinculación recíproca, y no en cada uno
de ellos considerado aisladamente.
La relación entre las partes es también
el poder que permite crear una cultura sinérgica en una familia o
una organización. Cuanto más auténtico
sea el compromiso, más sincera y sostenida será la participación en el
análisis y resolución de los problemas,
mayor la liberación de la creatividad de todos y el compromiso con lo
que se cree. Estoy convencido de que
ésta es la esencia del poder del enfoque japonés de la empresa, que ha
transformado el mercado mundial.
La sinergia da resultados; es un
principio correcto. Es la realización suprema de todos los hábitos
anteriores. Es la efectividad en una
realidad interdependiente: es formación del equipo, es trabajo de equipo,
desarrollo de la unidad y la
creatividad con otros seres humanos.
Aunque en una interacción
interdependiente no podemos controlar los paradigmas de los otros, ni el
proceso sinérgico en sí, gran parte de
la sinergia reside en nuestro círculo de influencia.
Nuestra propia sinergia interna está
por completo dentro de ese círculo. Podemos respetar los dos
aspectos de nuestra propia naturaleza:
el lado analítico y el lado creativo. Podemos valorar las diferencias entre
ellos y utilizar esa diferencia para
catalizar la creatividad.
Podemos ser sinérgicos dentro de
nosotros mismos incluso en un ambiente muy adverso. No es obligatorio
sentirse afectado por los agravios. La
energía negativa puede esquivarse dando un paso a un lado; podemos
buscar lo bueno de los otros y
utilizarlo, por diferentes que sean de nosotros, para mejorar nuestro punto de
vista y ampliar nuestra perspectiva.
Podemos mostrar coraje en las
situaciones interdependientes y ser abiertos, expresar nuestras ideas,
nuestros sentimientos y nuestras
experiencias de un modo que anime a los demás a abrirse tam bién ellos.
Podemos valorar las diferencias en
otras personas. Cuando alguien disienta de nosotros, diremos: «¡Bien!
Usted lo ve de otro modo». No es
obligatorio que estemos de acuerdo con él; simplemente podemos afirmarlo.
Y podemos procurar comprender.
Enfrentados a dos alternativas —la
nuestra y la «err ónea»— podemos buscar una tercera alternativa
sinérgica. Casi siempre existe esa
tercera alternativa; si la buscamos con una filosofía de ganar/ganar y
realmente procuramos comprender, por lo
general hallamos una solución mejor para todos los interesados.
Sugerencias prácticas
1. Piense en una persona que por lo
general ve las cosas de un modo distinto del suyo. Considere de qué
modo podrían utilizarse esas di
ferencias como piedras del camino que llevan a soluciones de tercera
alternativa. Tal vez pueda sacar a la
luz sus concepciones presentes acerca de un problema o proyecto
valorando las diferentes ideas que
probablemente escuche.
2. Haga una lista de las personas que le
irritan. ¿Representan diferentes concepciones que podrían
conducir a la sinergia si usted tuviera
una mayor seguridad intrínseca y valorara las diferencias?
3. Identifique una situación en la cual
usted desea un mayor trabajo de equipo y sinergia. ¿Cuáles serán las
condiciones necesarias para apoyar la sinergia?
¿Qué puede usted hacer para crear esas condiciones?
4. La próxima vez que esté en desacuerdo o
se enfrente con alguien, trate de comprender las
preocupaciones subyacentes de la
posición de esa persona. Oriente esas preocupaciones de un modo
creativo y mutuamente beneficioso.



No hay comentarios:
Publicar un comentario